
Cuando se habla de opioides, muchas personas usan las palabras tolerancia, dependencia y adicción como si fueran lo mismo. No lo son. Entender la diferencia ayuda a reducir el miedo, el estigma y la desinformación.
Los CDC explican que la tolerancia ocurre cuando una persona puede necesitar más medicamento con el tiempo para obtener el mismo alivio del dolor. La dependencia física ocurre cuando el cuerpo presenta síntomas de retirada si el medicamento se suspende. Ambas pueden ocurrir incluso cuando una persona toma opioides recetados.
El trastorno por uso de opioides, en cambio, implica un patrón problemático de uso que afecta la vida de la persona, su salud, sus relaciones o su capacidad de funcionar. No se trata simplemente de “falta de voluntad”.
El Departamento de Salud de Puerto Rico describe el trastorno por uso de sustancias como una condición crónica de salud que afecta la capacidad física y neurocognitiva de las personas, dificulta su funcionamiento social cotidiano y las expone al riesgo de sobredosis.
Comprender estas diferencias evita dos errores: minimizar el riesgo de los opioides o condenar injustamente a las personas que necesitan ayuda. Una persona puede desarrollar tolerancia o dependencia física y necesitar apoyo médico para reducir o suspender el medicamento de forma segura.
La educación correcta abre la puerta al tratamiento. La confusión y el juicio, en cambio, pueden cerrar esa puerta.

