
La dependencia o el uso problemático de opioides no siempre aparece de golpe. A veces comienza con cambios sutiles que la familia interpreta como cansancio, estrés, mal humor o dolor persistente.
Algunas señales de alerta pueden incluir tomar el medicamento con más frecuencia de lo indicado, usarlo cuando el dolor ya mejoró, preocuparse excesivamente por conseguir más pastillas, visitar distintos médicos para obtener recetas, aislarse, cambiar de ánimo o mezclar opioides con alcohol u otros medicamentos.
Los CDC advierten que cualquier persona que tome opioides recetados puede estar en riesgo de sobredosis no intencional, muerte o desarrollar adicción. También recomiendan hablar con el médico sobre riesgos, efectos secundarios y opciones de manejo del dolor.
En Puerto Rico, entre 2018 y 2024 se reportaron 4,516 eventos de sobredosis por opioides. El Departamento de Salud también informó que el grupo de 25 a 44 años fue el que más sobredosis no fatales revertidas acumuló, con 2,590 eventos.
La familia no debe esperar a una crisis para actuar. Si nota cambios preocupantes, puede iniciar una conversación sin ataques: “Me preocupa cómo te estás sintiendo”, “quiero ayudarte”, “vamos a hablar con un profesional”.
Las señales tempranas no son una sentencia. Son una oportunidad para intervenir antes de una emergencia.

