Una sobredosis no termina cuando la persona despierta o sale de la sala de emergencia. Para la familia, puede ser un momento de miedo, coraje, culpa y confusión. Pero también puede ser una oportunidad para conectar a la persona con ayuda.
El Departamento de Salud de Puerto Rico reconoce que el trastorno por uso de sustancias impacta tanto a la persona como a sus allegados y comunidad. Por eso, su Programa de Navegadores para el Manejo de Casos y Enlace a Tratamiento busca facilitar servicios a personas con trastorno por uso de sustancias, trastorno por uso de opioides, sobrevivientes de sobredosis y poblaciones con mayor riesgo.
Después de una sobredosis, la familia debe evitar frases que aumenten la vergüenza: “nos fallaste”, “mira lo que hiciste”, “no tienes remedio”. Aunque el dolor sea real, el juicio puede alejar a la persona de los servicios.
Una respuesta más útil puede ser: “estamos preocupados”, “queremos que recibas ayuda”, “vamos a buscar orientación”, “necesitamos un plan para que esto no vuelva a pasar”.
En Puerto Rico, entre 2018 y 2024 se reportaron 4,516 sobredosis por opioides. Cada una representa una emergencia, pero también una oportunidad para intervenir antes de que ocurra una muerte.
La familia también debe prepararse: tener naloxona, aprender a reconocer una sobredosis, guardar medicamentos de forma segura y saber a qué servicios llamar. Acompañar no significa permitirlo todo. Significa actuar con límites, información y

